Sabrosos y afrodisíacos... Los mariscos se han alzado como protagonistas destacados de la gastronomía española formando platos de auténtico lujo. Desde los centollos a las gambas pasando por los langostinos, buey de mar, las almejas o los bogavantes, hay un sinfín de estos manjares marinos de los que se puede disfrutar en la cocina.
La variedad de mariscos (conjunto de invertebrados marinos comestibles, como los crustáceos, moluscos y equinodermos) que hay en todo el territorio español, -especialmente en las costas de Galicia, Andalucía, Asturias y Cantabria, y en menor medida en Valencia, Cataluña y Mallorca- ha permitido que se usen en innumerables recetas desde tiempos antiguos bien sirviendo como complemento, bien como ingrediente principal.
A pesar de que durante muchos años se consideró un artículo de lujo, determinadas especies de mariscos pueden adquirirse, desde hace tiempo, a un precio muy asequible.
Además, sus propiedades nutritivas hacen que casen a la perfección con la dieta mediterránea: son ricos en proteínas similares a las de la carne vacuna pero con mucha menos grasa, ya que la mayor parte de su cuerpo es agua. Eso sí, han de tomarse con precaución si se tiene el ácido úrico alto (gota) o colesterol.
Los mejores meses para poder disfrutar de todo el sabor y de las mejores propiedades de los mariscos son los que contienen “erre”: es decir, de septiembre a abril. Así que hay más de ocho meses para hacer de ellos los protagonistas de la cocina.
Pastas y mariscos
Una de las combinaciones gastronómicas que tiene mejores resultados es aquella en la que se mezclan las pastas con el pescado o el marisco. Original, sabrosa y equilibrada, fruto de esta combinación resultan platos tan mediterráneos como esta Fideuá de mariscos o un arroz marinero (al que se le puede añadir el marisco que se desee); un plato energético por los carbohidratos del arroz que se complementa con las proteínas del pescado. Combinando estas recetas con una ensalada mixta, el equilibrio nutricional está garantizado. Además, ambos platos son sencillos, rápidos y fáciles de preparar.
Si se va a cocinar pensando en los más pequeños, una buena opción para que disfruten del marisco es aprovechar un buen centollo para elaborar una lasaña. Se trata de un plato algo elaborado pero que gracias a las verduras, las pastas y el marisco que lo forman resulta una combinación exquisita y muy nutritiva, apta para cualquier paladar.
La segunda opción sería preparar unos tallarines con almejas y parmesano que resultan muy fáciles de elaborar, son energéticos y con un bajo contenido en grasa.
Sorprende a tus invitados
Los mariscos también son una alternativa perfecta para organizar en casa una cena con amigos o un almuerzo. Presentarlos de una forma original y darles una vuelta de tuerca a las recetas de toda la vida es una alternativa para sorprender a todos los comensales.
Así, por ejemplo, puedes ofrecer como entrante esta crema de cigalas suave y sabrosa; es una receta elegante para esas ocasiones especiales. La mejor época es disfrutar de ella en otoño e invierno y si se consume un día después de su elaboración, su textura y sabor mejorarán notablemente.
Otra opción es elaborar una receta de siempre con un toque de novedad, como esta tortilla guisada con almejas. Se trata de una tortilla de patatas de las de siempre a la que se le suma una rica salsa con almeja. El resultado final será un plato muy nutritivo.
De la combinación de los productos de la montaña y del mar también pueden surgir originales recetas como el conejo con cigalas de la que además puedes hacer variaciones para sorprender en más de una comida como el pollo con langostinos o gambas.
Mariscos en estado puro
Si preferís que el marisco sea el protagonista auténtico de vuestros platos y no sólo un complemento, tenéis infinitas posibilidades culinarias que permitirán disfrutar del auténtico sabor de estos productos y de todas sus propiedades nutritivas.
Los berberechos al vapor o los mejillones a la marinera son dos recetas tradicionales para degustar los mariscos. Ambos poseen altas cantidades de hierro y aportan muy pocas calorías, por lo que son idóneos en caso de anemias y de dietas. Eso sí, aunque los berberechos aportan poco colesterol en comparación con otros mariscos, los mejillones sí son ricos en sodio y colesterol, por lo que aquellas personas que padezcan de hipertensión o hipercolesterolemia deberán moderar su consumo.
Y para disfrutar del sabor de siempre, podéis elaborar un guiso de vieiras, patatas y berberechos que, además de ofrecer una gran variedad de sabores, es muy nutritivo.
Por si a alguien se le ha antojado alguno de los platos que os he comentado, aquí os dejo uno de ellos. Qué lo disfrutéis!!
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Ingredientes
5 patatas nuevas de tamaño medio, 6 huevos, 2 cebollas, 1 diente de ajo, perejil fresco, 300 gr. de almejas, 100 ml. de vino blanco, una cucharada de harina, caldo de verduras, unas hebras de azafrán, aceite de oliva y sal.
Elaboración
En primer lugar, pelaremos las patatas y las lavaremos bajo el grifo. Una vez lavadas, las cortaremos longitudinalmente en dos mitades y, con la ayuda de un cuchillo o una mandolina, obtendremos rodajas de 2 milímetros de grosor. El grosor de la patata es muy importante ya que, si las cortamos demasiado finas, éstas no se empaparán bien en el huevo batido.
Cuando ya tengamos las patatas cortadas en rodajas, las salaremos y freiremos a fuego medio en abundante aceite de oliva, hasta que queden tiernas.
Batimos los huevos a conciencia, hasta conseguir un batido bien espumoso.
Ya tenemos todos los ingredientes listos para comenzar a hacer nuestra tortilla de patata.
Incorpora al huevo batido las patatas fritas. Para que nos quede una tortilla bien jugosa es importante que dejemos las patatas fritas reposar en el huevo durante al menos 10 minutos.
Coloca una sartén antiadherente con unas gotas de aceite de oliva (recuerda que el tamaño de la sartén debe adecuarse a la cantidad de masa de tortilla que hemos elaborado) en el fuego y, una vez ésta haya cogido temperatura, vierte la elaboración anterior. Repártelo de manera homogénea sobre la superficie de la sartén y baja el fuego para que la tortilla se vaya cuajando.
Cuando observemos que la tortilla empieza a cuajar, le daremos la vuelta con la ayuda de un plato o “vuelvetortillas”. No es un procedimiento difícil, sólo tenemos que hacerlo con seguridad.
Una vez tengamos la tortilla lista la reservaremos.
Corta las cebollas en juliana y sofríelas junto con el ajo picado en una cazuela con un poco de aceite de oliva. Cuando la cebolla esté bien pochada, añade la cucharada de harina y rehoga. Ahora vierte el vino blanco y ½ litro de caldo de verduras. Salpimenta y añade unas hebras de azafrán. Por último, sumerge en la salsa la tortilla de patata y las almejas. Pon la tapadera y deja cocinar a fuego suave durante 10 minutos.